¿Qué debemos hacer ante la mordedura de un Murciélago?

¿Qué debemos hacer ante la mordedura de un Murciélago?

Tras la mordedura de un murciélago con rabia  según un médico de Microbiología en el Hospital Universitario Severo Ochoa, comenzaba un hilo en la red social twitter sobre microbiología en el que narraba la incidencia de la rabia hoy en día.

“No se sabe con exactitud la incidencia mundial humana de rabia, pero la OMS estima que se producen unas 55.000 muertes anuales por rabia. La rabia se mantiene en dos ciclos epidemiológicos principales. Un ciclo urbano o doméstico y otro que es el ciclo silvestre”, ha explicado Ligero a sus seguidores, a los que daba más detalles: “Dentro del ciclo urbano, los perros son el principal reservorio natural, aunque también hay otros mamíferos. Este ciclo abunda en países en vías de desarrollo donde la tasa de perros callejeros sin vacunar es muy alta. Es típico  de África, Asia y América Central y del Sur”.

La rabia en España

Según explica el autor del hilo de Microbiología, España ha estado libre de rabia desde el año 1978, a excepción del caso de rabia importado de Marruecos declarado en 2013: “Desde 2004 hay casos declarados de perros con rabia procedentes de Marruecos que desarrollaron la enfermedad al llegar a Francia, habiendo pasado por España. Ceuta y Melilla comunican casos esporádicos de rabia en perros, gatos y caballos, producidos por el virus clásico de la rabia”.

Sin embargo, la rabia también pueden afectar a mamíferos: “En España, con respecto al ciclo silvestre hay que decir que el Lyssavirus europeo de murciélagos (EBLV-1) está circulando entre los murciélagos de distintas especies y se ha detectado en varias zonas de España. Desde 1987, en España solo se habían registrado 17 casos de agresiones de murciélagos a personas”.

Cómo se transmite

Cómo se contagia la rabia: “El principal vehículo de infección es la saliva de un animal infectado. Para ello hace falta que haya una herida, ya que el virus no penetra en la piel intacta. También se ha demostrado la diseminación aérea en circunstancias especiales, como en cuevas con una gran cantidad de murciélagos”, apunta el experto, que añade que la  transmisión de persona a persona es teóricamente posible, aunque sólo se ha descrito en casos de trasplantes de órganos.

Los primeros síntomas, explica Ligero a sus seguidores,  pueden incluir signos prodrómicos no específicos tales como malestar general, fiebre o dolor de cabeza, así como inquietud, dolor, prurito o alteraciones sensoriales en la zona de entrada del virus. Tras varios días, aparecen ansiedad, confusióny agitación,insomnio, comportamiento anormal, hipersensibilidad  a luz y al sonido, delirios, alucinaciones, parálisis leve o parcial, exceso de salivación, dificultad para tragar, espasmos faríngeos ante la exposición a los líquidos y convulsiones”, añade el R2 de Microbiología.

En términos globales, la rabia provoca 55.000 muertes al año, la mayoría asociadas a mordeduras de perros en países en vías de desarrollo (Asia, Latinoamérica y África). La rabia todavía está presente en Europa, aunque ha descendido de manera drástica debido a la vacunación masiva de animales domésticos, concentrándose el reservorio principalmente en murciélagos y otros pequeños mamíferos. En España no hay datos actuales de la prevalencia de virus de la rabia en murciélagos.

La transmisión se produce a través de mordeduras, arañazos, contacto de mucosas con saliva o transplantes de donante infectado. El periodo de incubación varía desde pocos días hasta más de 19 años, dándose el 75% de los casos tras un período de 90 días. El virus alcanza el sistema nervioso central, produciendo un cuadro de encefalitis aguda, mortal en casi el 100% de los casos.

La profilaxis antirrábica es segura y muy efectiva, pero no siempre está disponible y es frecuente su uso inapropiado. Cabe incidir en que la primera medida básica para evitar la transmisión es el lavado exhaustivo de la herida con abundante agua y jabón, aplicando posteriormente un antiséptico (povidona yodada al 10%).

La decisión de administrar o no vacuna y/o inmunoglobulina, así como el momento oportuno de iniciarla, se debe basar en la intensidad de la exposición  y en el animal implicado. En el caso de mordedura por animales domésticos, como perros o gatos, es necesario mantener al animal en observación durante 10 días; si en este periodo desarrolla síntomas sospechosos de la enfermedad, se debe comenzar la profilaxis de manera inmediata, sacrificar al animal y someter el tejido cerebral a técnicas específicas de detección, como inmunofluorescencia directa o reacción en cadena de la polimerasa (PCR). En caso de que el animal no haya podido ser capturado, sea desconocido o se trate de mamíferos salvajes, tales como murciélagos, se debe comenzar la profilaxis de manera inmediata. Si ha sido posible capturar al animal se somete a análisis. En cualquier caso, si los test resultan negativos, se puede suspender la pauta de vacunación.

En casos de mordeduras transdérmicas como la que nos ocupa, se debe administrar tanto la vacuna como inmunoglobulina, ya que existe un período de vulnerabilidad hasta la producción de anticuerpos, utilizando jeringuillas diferentes e inoculándolas en localizaciones distantes entre sí. En España se dispone de 2 vacunas frente al virus de la rabia: Merieux® y Rabipur®, ambas de virus inactivados, cultivada la primera en células diploides humanas y la segunda en células de embrión de pollo. Existen dos pautas de vacunación efectivas: 1.a) 5 dosis (los días 0, 3, 7, 14, 28) y 2.a) 4 dosis (los días 0 con doble dosis, 7, 21). La inmunoglobulina se infiltra alrededor de la herida en dosis de 20IU/kg, administrando el sobrante por vía intramuscular. En caso de ser lesiones extensas o múltiples se debe diluir, sin exceder la dosis recomendada. Las pautas descritas son válidas tanto para adultos como para niños.

En definitiva, al encontrarnos frente a una enfermedad de pronóstico fatal y al no haber datos de la prevalencia real de virus de la rabia en España, parece recomendable la profilaxis postexposición ante este tipo de contactos, como recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS).

 

Fuente: Redacción Médica

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